Hace tan solo algunos años atrás tomar formaciones de continuidad de estudio en programas 100% en línea era algo de bajo prestigio y dudosa calidad. Ni hablar de carreras de pregrado en formatos totalmente remoto, las que eran consideradas formaciones que mejor esconder en el currículum personal. Sin embargo, la realidad de la educación a distancia postpandemia ha tenido importantes cambios.  

Antes del inicio de la pandemia de Covid-19 un tercio de la oferta de programas de educación superior, principalmente en educación continua, se encontraba en formato online, siendo un mercado que ya venía creciendo año tras año, mejorando la calidad de las plataformas, ofreciendo más soporte a los estudiantes e implementando mejoras en las metodologías de enseñanza-aprendizaje.  

Sin embargo, seguían siendo este tipo de formaciones las que presentaban mayores niveles de deserción en sus estudiantes, rendimientos académicos más bajos que sus pares en formación presencial y calidad que aún generaba fuertes dudas, según los resultados de la investigación realizada por Eric P. Bettinger, Lindsay Fox, Susanna Loeb y Eric S. Taylor, en Estados Unidos.  

La pandemia trajo un aumento impensado para esta modalidad de enseñanza-aprendizaje, al forzar, tanto a los estudiantes como a las instituciones, a tener que migrar toda su oferta programática a estas modalidades, lo que dio la oportunidad de poder reconocer algunos patrones interesantes.  

Dentro de estos hallazgos es posible encontrar que los estudiantes que más prefieren este tipo de educación son aquellos que también trabajan, cuidan de sus familias y tienen mejores ingresos promedio que quienes optan mayoritariamente por formación presencial, lo que se convierte en algo interesante de reconocer al momento de pensar en las causas de la deserción o la disminución en el rendimiento académico, dejando ver dimensiones que superan con creces a solo la modalidad de aprendizaje.  

Cuando miramos al futuro de la educación superior, con los pies en el presente, podemos visualizar un gran acuerdo: la educación del futuro es híbrida. Combinando material digital de estudio y evaluaciones automatizadas, con instancias presenciales para discutir ideas con los pares y aprender en experiencias prácticas con docentes; y esto, en palabras de Jeff Seaman, director de Bay View Analytics, es “un acuerdo sin precedentes sobre la dirección de la educación superior”. 

De esta forma, la educación a distancia ha llegado para quedarse, pero ni cerca para sustituir la presencialidad, sino para ser un completo que otorgue flexibilidad y efectividad al proceso de enseñanza-aprendizaje. Tan claro es esto, que según un estudio de Bay View Analytics el 82% de los profesores declaran tener interés en incorporar experiencias digitales en la formación

Más allá de las opiniones de apasionados digitales y amantes de la presencialidad, la educación superior en el mundo seguirá avanzando a modelos híbridos, lo que traerá consigo el desafío que convertir las experiencias remotas en momentos de aprendizaje cada vez de mayor impacto, y a las clases presenciales en una instancia que realmente sea irremplazable y superen por mucho la tradicional cátedra de contenidos. 

Aunque este consenso es conocido, también es cierto que a las instituciones de educación superior les queda mucho camino aún para poder integrar una oferta programática que responda a la velocidad de los cambios que vivimos en la actualidad, así como en asegurar la formación de técnicos y profesionales con las competencias que realmente en el mundo del trabajo.  

No obstante, hay luz al final del túnel, aunque no sabemos qué tan largo será el corrido en su interior.