La educación históricamente ha marcado importantes diferencias en la vida de las personas. Sin embargo, la calidad de esta educación también dista entre sí, generando otro tipo de brechas. Este impacto positivo, por lo general, que ha tenido la educación en el desarrollo de las personas y la sociedad, no ha sido siempre bien llevado por las entidades educativas, las que no siempre han educado realmente.  

De esta forma, la educación se encuentra constantemente en una situación de tención que no se ha sabido resolver aún. Una de estas situaciones es la masividad que se busca en el acceso a la educación, la que se ha ido extendiendo hasta la educación superior; a la vez, que se demanda que estas instituciones ofrezcan real educación de calidad. Así, masividad versus calidad se ha vuelto un verdadero dilema de la educación en muchos países.  

Aunque ambos conceptos no son realmente antagónicos, sí es un hecho que al hacerse más masiva la participación de la sociedad en el proceso de educación, se vuelve más desafiante ofrecer una calidad de cierto nivel. Esto se debe a muchas razones, tales como: infraestructura, calidad y cantidad de equipos docentes y no docentes para que ocurra el proceso de enseñanza-aprendizaje, cambio de los contenidos y capacidades necesarias, entre otros.  

Sin duda que es un sistema complejo el mundo de la educación y no existen solucio

Sin duda que es un sistema complejo el mundo de la educación y no existen soluciones fáciles ni caminos realmente cortos. No obstante, en la actualidad existen luces que ayudan a que esto pueda ir avanzando de manera más ágil y hacia una resolución que logre aunar de mejor manera este dilema entre masividad y calidad en la educación superior.  

Un factor clave en este proceso se encuentra en la transformación tecnológica y el rol que ésta puede jugar en la calidad institucional y mejora formativa, entre otras áreas del quehacer de la enseñanza. Con esto no estoy pensando en aplicaciones para aprender ciertos contenidos, las que también tienen un espacio y juegan un rol. Tampoco pienso en metaverso, que tiene un potencial enorme de transformar muchas áreas de nuestra vida y fuertemente la educación, aunque tal vez olvidando el impacto del contacto directo en la enseñanza-aprendizaje.

Más bien me refiero a los sistemas de evaluación. Evaluar y retroalimentar es algo fundamental para nuestro proceso de aprendizaje. Es lo que hacemos desde que nacemos por medio del ensayo y error. Tenemos una experiencia de interacción con otros o nuestro entorno, algo hacemos en ese contexto y tenemos un resultado. Saber medirlo, es decir, identificar lo que hemos generado y enterarnos adecuadamente, es decir, contar con una retroalimentación efectiva, será fundamental para poder tomar nuevos caminos, enriquecer nuestra forma de ser y hacer y con ello ir aprendiendo nuevas cosas y generando nuevos resultados.  

Así se construye esencialmente el aprendizaje. Por eso es tan revisable la idea de que todo se puede aprender de forma meramente conceptual por medio de traspasar conocimiento. Eso en realidad no es así. Necesitamos experimentar aquello que se quiere aprender, para hacerlo una experiencia significativa, con carga emocional y repleta de elementos que podamos medir y entregar feedback.  

De esta manera, podemos medir y dar retroalimentación en áreas vocacionales, estilos de aprendizaje para mejorar la forma en que aprendemos y potenciar el resultado académico, podemos medir las competencias transversales (o blandas) de los estudiantes y ayudarles a aprender lo que está disminuido de forma oportuna, antes que se estrellen contra una realidad muy diferente en el mundo laboral y, un largo etcétera.  

Los nuevos sistemas de evaluación con base tecnológica y la utilización de machine learning, la reportería automatizada y personalizada, está ayudando a muchas instituciones a avanzar en esta demanda de masividad con calidad y, acompañar a los estudiantes de una manera que sea realmente personalizada, con pertinencia a su proceso de aprendizaje y de forma automatizada y en todo lugar.  

El desafío es enorme. Tan solo en HPI International evaluamos y retroalimentamos a cerca de 85.000 estudiantes de educación superior sobre estas materias y muchas otras, impactando en sus niveles de aprendizaje, retención, mejora del rendimiento académico, entre otros factores. Un desafío que realmente merece seguir profundizándose.