Desde la constitución de una organización hasta su constante crecimiento, estas se involucran en diversos cambios, en varios retos; ya sea de estabilidad financiera, posicionamiento de marca, crecimiento y retención de sus colaboradores, pensar en la experiencia del cliente, etc. 

Estos retos exigen de los colaboradores y, por ende, de la organización una adopción de nuevas cualidades y nuevas capacidades. Pero, ¿realmente el colaborador está facultado para adaptarse al cambio?, ¿para aprender nuevas capacidades? ¿Existe una formación de resiliencia organizacional?, ¿cómo enfrentamos la adversidad?, o en todo caso, ¿no es suficiente capacitar al colaborador en nueva tecnología (en nuevas competencias) o debemos pensar primero en su capacidad de adaptación ante situaciones volátiles? 

¿Qué entendemos por resiliencia? Según Hamel y Välikangas la resiliencia no es solo adaptarnos ante situaciones de crisis. Al contrario, se refiere a anticipar y adaptarse, de cambiar antes de que la necesidad de hacerlo sea obvia. A veces se espera el deterioro de la empresa para recién empezar el cambio, o como dicta una vieja frase; “para levantarse debemos caer primero”. 

Este es un error que cometemos, el no aprender de lo que nos sucede constantemente, el no prever el cambio. Porque es muy distinto que tu proceso de adaptación se dé desde la caída, a que tu proceso de adaptación empiece con tu organización de pie, esperando el cambio, sin verse sorprendidos. 

Resiliencia en las organizaciones 

Una organización resiliente es aquella que tiene los mecanismos y herramientas necesarias para sobreponerse a la adversidad, de empañarse de los conflictos y salir airoso de ello. 

La resiliencia permite a las organizaciones ver la incertidumbre como un factor de progreso más que de peligro o supervivencia. 

Importancia de la resiliencia 

Experimentar sucesos que nos ayuden a acrecentar y fortalecer nuestra resiliencia, permitirá que desarrollemos nuevas capacidades dentro de nuestra organización. Algunos ejemplos son: 

– Mayor adaptación: Construye en los colaboradores la capacidad de resolver de forma eficaz y eficiente las distintas circunstancias que puedan presentarse. 

– Agilidad: Permite que los líderes de la organización tomen decisiones rápidas y sobre todo pertinentes, sabiendo que una decisión puede tener aspectos positivos y negativos en el futuro próximo. 

– Mejorar la reputación de la organización: Siempre están surgiendo nuevas empresas dentro de un mismo rubro laboral, al menor descuido podemos llegar a ser superadas por estas. Pero, al sobresalir de una situación difícil, la organización se posiciona de mejor forma que sus similares. 

– Generar confianza entre los clientes y colaboradores: Fomentar un clima resiliente hará que los colaboradores y clientes tengan la sensación de que la organización, con la cual trabajan, nunca les defraudará. 

Antes de capacitar en nuevas tendencias como consecuencia de la mejora continua, debemos pensar si nuestra organización o, de forma más específica, nuestros colaboradores, están en la capacidad de adoptar y percibir de buena forma el cambio constante.